Ayer tuve un buen día. De esos en los que te reafirmas y comprendes que elegiste bien tu profesión, y que no hay nada más bonito en el mundo que trabajar en aquello que te apasiona y que se te da bien.
En días así me cunde mucho y trabajo como si me llevaran en volandas unos ángeles seráficos, al modo en que dicen que le labraban el campo al patrón de Madrid, San Isidro. Es como si no me costara esfuerzo. Veo los pacientes, estudio, trabajo en los proyectos, doy clase y soy capaz hasta de conseguir que me sobre algo de tiempo para poder echar un vistazo a los “asuntos pendientes”.
Tenía un asunto pendiente desde el Congreso de la SEMDOR al que acudí el mes pasado. En los congresos pasan muchas cosas. Te enteras de novedades, de cosas en las que están trabajando otras personas. Aprendes nuevas técnicas, o nuevas teorías. Te reencuentras con viejos conocidos. Y también consigues poner cara a alguna persona cuyo nombre has leído montones de veces, en artículos, en libros, en ponencias. A veces hasta has cruzado algún correo electrónico para pedirle algo a esa persona. Y es casi como si la conocieras, pero en realidad, es alguien imaginario. Hasta que llegas a un congreso y la casualidad te permite pasar más rato con esa persona. Escucharla. Saber cosas de su vida. De su personalidad. De su historia. De cómo empezó a trabajar en esto de la psicología. Y, a veces, te reconoces un poco en esa persona. En sus esfuerzos, en su coraje, en su ilusión, en sus dificultades y sus éxitos. Y surge una corriente preciosa. Una admiración pura y limpia.
Eso me ha pasado en el Congreso de la SEMDOR con Cecilia Peñacoba. Una maravilla de ser humano más allá de ser una maravilla como profesional. Me ha encantado conocerla, y más todavía que me dedicara el libro: “Paso a Paso Contigo”.
Ya el título lo dice todo. ¿Se pueden decir más cosas con menos palabras? Este libro es excelente. Cuidado, mimado, editado y redactado con tanta ciencia como cariño. Un libro para invitar a personas con fibromialgia a hacer ejercicio. Aunque igual de válido sería para cualquier persona que sufra dolor crónico. Es un libro de cabecera. Tan útil para los que sufren como para los que quieren ayudar a los que sufren.
Me ha gustado tanto que no puedo dejar de animar a los pocos o muchos a los que les gusta leerme, a que lo tengan en cuenta. Y encima podéis descargarla gratis aquí.
Gracias Cecilia Peñacoba, porque me ha encantado conocerte, por regalarme el libro, y por recordarme que tenemos una profesión maravillosa a la que amamos.